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martes, 22 de octubre de 2019
LOS TRÁNSFUGAS PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Agustí Cerdà   

Desde la aprobación de la Constitución del 1978, desde el inicio de la democracia en el Estado español, no ha habido ninguna legislatura que,  en alguno de los ámbitos de la Administración (municipal, autonómico o estatal) se haya visto libre del fenómeno del transfuguismo.

"Tránsfuga"es un apelativo, peyorativo, connotado con una fuerte carga negativa,  que descalifica ante el público la persona que lo es. No cabe ninguna duda: la situación de abandonar el grupo por el cual se ha sido elegido genera el rechazo general de la sociedad. Pero la reflexión  sobre este fenómeno debería generar propuestas para erradicar su existencia, dada la carga negativa que su aparición conlleva, el descrédito, la desconfianza y la desgana que provoca ante la ciudadanía.

No obstante, las preguntas sobre el tema son pertinentes. Durante ocho legislaturas, ¿no se ha encontrado un mecanismo legislativo para que la posibilidad de la aparición de este fenómeno sea imposible? ¿De quién, en un sistema electoral de listas cerradas, es el acta de diputado/a o de concejal? ¿Del partido por el que se presenta? ¿De la persona que la obtiene y/o se le adjudica?

En la práctica, el acta de concejal o de diputada/o es de la persona a la que se le asigna en función de unos porcentajes de votos obtenidos que determinaran la asignación de escaños a cada lista. Sólo la 
voluntad personal de seguir vinculado/a al partido a través del cual se ha obtenido el acta decide la relación de esta persona con el grupo, lo que no deja de ser una contradicción flagrante con un sistema electoral que, con la excepción de las elecciones al Senado, tiene su base en un funcionamiento a través de listas cerradas. Por otra parte, si los partidos fueran los dueños de las actas de diputado/a o de concejal, la "partitocrácia" imperante en el sistema democrático español aún tendría mucho mas poder y capacidad en el momento de determinar la composición de los diversos grupos parlamentarios y, si la discrepancia interna ya es mínima (por no decir inexistente), con esta propuesta sería, en la práctica, 
imposible.

En general, la llamada "disciplina de grupo" garantiza el "tranquilo" transcurrir de la dinámica parlamentaria. Tan cierto como que dentro de todos los partidos, sin excepción, existen corrientes de 
opinión y/o opiniones y posiciones personales que no son mayoritarias en el partido, pero que forman parte de él. La posición sobre la relación del Estado con la Iglesia Católica, el aborto o la eutanasia, 
por citar tres problemas, generarían resultados de votaciones poco predecibles si las/los electos/as votaran libremente y no en base a la disciplina de voto de su grupo.

¿Se vota, pues, a la persona, o se vota a la "marca"? ¿O se vota a una combinación de marca y personas que componen la lista del partido? Y concretamente,  ¿tenia derecho, por ejemplo, Joaquín Calomarde a 
desmarcarse  de su partido, el PP, dada la versión "Heavy Metal" que de la derecha nos han dado los Zaplanas, Acebes y Rajoys en esta legislatura? La posición de Calomarde, ¿responde o no a una parte de 
los electores que le hicieron diputado? Personalmente me alegré de esta decisión de Joaquín Calomarde. No creo que haya otras motivaciones mas que las estrictamente ideológicas que le empujaran a formar parte de Grupo Mixto del Congreso. Hizo, al fin y al cabo, lo que otros/as diputados/das del PP pensaban y no se atrevieron a hacer. Me alegré. Aunque sólo fuera por pensar que otra derecha es posible.

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